Dimanche.Ya lo sabíamos. Llueve en París. Pero a nosotros no nos importa y seguimos en nuestra búsqueda del croasan perfecto. Hoy nos hemos acercado mucho a nuestro objetivo pero le faltaba jugosidad en boca y caída en el retrogusto, aun así, nos hemos enviado cuatro con un café de Mcdonalds.10:00 am y lo sabíamos, sigue lloviendo en París. Es ese tipo de lluvia, unsiesnoes, es decir, moja y molesta pero con discreción y elegancia.
Nuestro plan de seguir a dos ruedas se ha truncado, cogemos el metro destino al que una vez fue el barrio de una Elisa en miniatura. Parada en Censier Daubenton. Mira Daniel, ese edificio, en el tercer piso, ahí vivía yo. Y mira, enfrente, está el instituto donde estudié. Daniel abre los ojos tanto que ni pestañea. Escucha como si quisiera transportarse a otra época y verlo todo tal y como estaba en aquellos años.
La rue Mouffetard, la Mouff, sigue en su sitio. Hoy casi vacía a pesar de ser domingo, día de mercado, por la lluvia y agosto. El paraguas chino nos protege a medias y seguimos andando por un túnel del tiempo. Porque por un pasaje a la izquierda se entrevé la calle del colegio de primaria, ese en el que Jean François, el maestro, cogía la guitarra al final de las clases, para premiar a sus alumnos por haber terminado pronto las tareas. Daniel, fíjate, a esta biblioteca venía los miércoles, a leer el día de fiesta en el colegio. Raaaaaaaaaafa, sal! Desde este poyete, llamaba a Rafa a grito pelao, para horror de los franceses de verdad.
En la Contrescarpe, nos tomamos un noisette en la terraza, como buenos parisinos. Llueva o granice, las terrazas son perennes.
Y arrecia de verdad. Pero venga, vámonos andando por la rue Lacepède hasta el jardín de Plantas. Otro gran hito en los recuerdos. Corredores sufridores suben y bajan colinas en círculos. Familias numerosas hacen la cola para entrar en la Gran Galería de la Evolución, Daniel y Elisa siguen en su particular línea del tiempo invisible.
Salimos del jardín por una de las puertas cerca del río. Les Puces, el rastro parisino, tendrá que esperar. Hoy llueve como sólo es posible por estas latitudes. Llueve tanto que el aire de París es el más limpio de todas las megalópolis del mundo entero. A la izquierda, el Instituto del Mundo Árabe. Las retinas de su fachada tienen células fotosensibles. Los miles y miles de pequeñas ventanas con celosías neoneoneomudéjares fueron un acierto de Nouvel para recrear el misterio de lo árabe. Pero en París deberían estar abiertas contínuamente. La luz solar no sobra por aquí.
París juega en otra liga, dice Daniel, cuando llegamos a la terraza del edificio, en la novena planta. Y es que a la izquierda se ve Notre Dame, señorona de las catedrales, acompañada por toda una ciudad vestida de tejados de zinc plagados de pequeñas chimeneas encarnadas. La democratización del concepto chimenea, eso dice también Daniel, embelesado. Sí, los apartamentos aquí superan pocos los 40 m2, pero señores, todos tienen chimenea!
De camino al Pavillón de l'Arsenal, nos sorprendió el Museo de la Sculpture en Plein Air, que atravesamos con cierta prisa, no sin antes detenernos ante una de ellas. Una japonesa parecida a un móvil de Kalder, que tenía vida propia y casi si respiraba cuando la lluvia se deslizaba sobre sus elementos metálicos.
A estas alturas, como pueden imaginarse, el hambre empezaba a transportar a Daniel y a Elisa a terrenos delicados. La metamorfosis que en ellos se produce (el uno dirá que el otro es todavía peor) es digna de un Dr Jekill y Mr Hyde. Con sus bocadillos preparados, sólo faltaba encontrar un sitio a cubierto donde poder engullirlos.
14:30 pm y nadie nos había engañado. En París seguía lloviendo. Nos pusimos a resguardo bajo una escultura porque no había ni un sólo punto seco público en la ciudad. Devoramos los bocatas y nos introdujimos en una exposición en L'Arsenal, una sala de exposiciones donde presentaban los proyectos arquitectónicos de la zona noreste de París. También aprendimos como el bueno de Philippe Auguste comenzó la espiral de la espectacular distribución urbanística compuesta por 20 barrios, unos 2.100.000 seres humanos de unas 200 nacionalidades diferentes.
16:00 pm y por supuesto en París sigue lloviendo. Intentamos visitar la maison del único, del incomparable, del grandioso, Victor Hugo, pero había salido a por pain. En fin, le veremos a la vuelta de nuestra escapada por la Champagne francesa y demás territorios que nos esperan la semana que viene.
16:58 pm y arreciando. Decidimos, con valor y seguridad en nosotros mismos, coger unas velibs para regresar a casa a pesar de la incesante lluvia y llegamos sanos y salvos y empapados. Son las 23:20 pm y no ha dejado de llover.
Mañana, tren mañanero, así que à demain, et dormez bien, les enfants.
La lluvia de París solo molesta a los turistas, a los residentes no. Bueno, así tenéis que volver a ver el Barrio con buen tiempo.
ResponderEliminarBesos, me tengo que ir, que los jubilados tenemos una agenda muy completa.
À demain! Marisa
hola pájaro. que bien, muy chulo todo el viaje. en ese mismo bistró tuve yo un encuentro con la resistencia, hace una año. la contraseña te la dan al pedir "la adison"??,¿la suma? uséase, la cuenta. esa placita de la Contrascarpe ó como se diga es muy chula.
ResponderEliminardisfrutad, golfos!